EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS, John Boyne.
Como usuario del transporte público me he planteado muchas veces una pregunta: ¿leería tanto la gente si no existiese este medio? Por las mañanas, diría que un 50% de los usuarios va leyendo algo. Cifra pequeña y, por qué no decirlo, preocupante, pues quizá el 35% de ese 50 lee esos nuevos periodiquitos gratuitos. Con lo que nos queda un 15% de personas que llevan un libro en sus trayectos. Y yo entro en ese abanico no exento de ciertos peligros.
PENTESILEA, Von Kleist.
Habría que imaginarse a una persona como Goethe, o cualquier otro de similar índole, ante la lectura de esta obra. El autor de Fausto era un tipo eminentemente sentencioso, cuyas búsquedas intelectuales servían para reafirmar sus planteamientos. Yo me busco mis principios y a partir de ahí vivo y pienso, y estos serán el baremo con lo que juzgue lo que me rodea. Alguien, creo que Zweig, le bautizó como fuerza centrípeta. En oposición, Hölderlin, Nietzsche o el caso que nos ocupa, Kleist, personas centrífugas, gente que vive en el limes, si no, más allá, que con sus avances se aleja indefectiblemente del medio. Pues bien, Goethe se tuvo que remover incómodo en su sillón al leer este escrito. Demasiadas inquietudes provocaba esta Pentesilea.
EL SEGUNDO QUIJOTE DE CERVANTES.
Camino a Zaragoza, donde don Quijote se dirige para participar en unas justas, y estando alojados él y su escudero Sancho Panza en una venta, se abre uno de esos agujeros de gusano en la literatura en los que el espacio-tiempo literario se distorsiona, permitiendo que varios libros comuniquen entre sí, dejando que personajes de distintas obras, escritos por manos diferentes, se miren y se reconozcan, al menos desde lejos.
El Quijote espera la cena, y escucha cómo, en otra de las habitaciones, dos señores comentan la Segunda Parte del don Quijote de la Mancha.
(Viene de: EL QUIJOTE DE CERVANTES)
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EL ÚLTIMO ENCUENTRO, Sandor Marai.
El autor, húngaro nacido en Kaschau (hoy Kosice, Eslovaquia) en 1900, rebosa similitudes con Stefan Zweig, no sólo en su biografía sino en su obra. Obra que también trae remembranzas de Joseph Roth, o incluso de Thomas Mann. Bien situado económicamente, su padre, abogado, le facilitó la posibilidad de viajar por Europa, donde residió en diversas ciudades, primero como estudiante -mal estudiante- haciendo una vida bohemia y más tarde redondeando sus ingresos con artículos periodísticos y colaboraciones literarias diversas. Cuando la dictadura de Horthy en Hungría, residió en París unos años, tomando una posición crítica, antifascista, y enviando artículos a su país, que le hizo crearse un público favorable a su retorno, estableciéndose en Budapest, donde ya empezó a escribir y publicar novelas, con gran éxito.
LA CELESTINA.
Si yo les hablo a ustedes de una “vieja barbuda […] hechicera, astuta, en quantasmaldades ay” imagino que muchas pistas no les estoy dando. Si además les digo que es “una puta vieja alcoholada” tampoco creo haberles aclarado nada. Y, sin embargo, esta buena mujer, dedicada y esforzada trabajadora –es a un tiempo “labrandera, perfumera, maestra de fazer afeytes y de fazer virgos, alcahueta y vn poquito hechizera”-, es una de las protagonistas de la obra que trato hoy. Quizás no la más importante. Quizás no la protagonista oficial. Pero sin duda la más conocida. Así que, queridos amigos, de nuevo viajamos. Esta vez no mucho. No salimos de España. Destino: una ciudad desconocida que puede ser, en verdad, cualquiera. Época, finales del siglo XV o principios del XVI. Hemos quedado con una vieja codiciosa, descreída, putañera, tejedora de virgos y experta en instintivas pasiones. Efectivamente, amigos míos, hemos quedado con “la” Celestina.
I.A. BLADE RUNNER, supongo.
Leía el otro día un articulo de Stephen Hopckings sobre cómo podría ser la vida en otros planetas y decía este buen hombre que, seguramente, de encontrar esta vida algún día, comprobaríamos que no compartimos lo básico, el ADN, y tiene su lógica, si aquí partimos en el punto cero de la evolución de una célula que rodea su ARN (una pastilla diminuta y transparente de proteínas, je, je), que ya tiene parte del que será nuestro futuro ADN combinado, es normal pensar que en otros mundos ese punto cero será distinto. Así que ya en ese momento, de haberse producido otro tipo de evolución, ya serían vidas totalmente distintas.
EL QUIJOTE, el de Avellaneda.
Ni espacio tengo ni tiempo para relataros aquí como conseguí tamaño tesoro. Tan solo ha de constar que vino a mí y, a través de mí, yo lo expongo. ¿Cuál es –me diréis– tal descubrimiento? Y deja ya –añadiréis– este ridículo concierto, que eres puro tilín tilín y nada de concreto. Pero digo yo que hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos, y que a palabras vanas, u oídos yermos o ruido de campanas; porque, a fe mía y a la de los cielos, quien canta su mal espanta. Y así intentaré, no obstante, responder a la primera y justificar la restante.
EL QUIJOTE DE CERVANTES.
En un lugar de la Mancha quiso Cervantes situar el origen de las andanzas de su Quijote. No teniendo a bien acordarse del punto exacto en que el hidalgo descuidaba su hacienda en pos de fantasías, muchos han sido los pueblos que han reclamado para sí el ser patria chica de don Alonso Quijano. Nos es igual, al cabo de no sé cuántos aniversarios -el de ahora es uno más que quedará sepultado entre tantas relecturas- cuál fuera el lugar del mapa en que se posó la mano manca de Cervantes, mientras la otra comenzaba a enhebrar las palabras tejiendo la famosa frase: “En un lugar de la Mancha…”.
MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA, Jan Potocki.
Las historias de autor basadas en hallazgos de manuscritos son apasionantes. Ya hemos dado alguna vuelta que otra al tema en estas páginas, como por ejemplo al tratar de Umberto Eco y su “Nombre de la rosa”. O Cervantes con su “Quijote”. La obra así se independiza del autor y adquiere una dimensión distinta. Algo parecido a lo que usó Thomas Mann con su “espíritu de la narración”, algo que de alguna manera ofrece al escritor libertad. Así en esta obra nos encontramos con una simple introducción de un soldado francés que tras el Sitio de Zaragoza encuentra unos cuadernillos con lo que parece, y luego se demostrará, una buena historia, un entretenido relato de bandidos, muertos vivientes, gitanos y princesas moriscas, de soldados, marqueses y duques, de curas y judíos.
MARCO EL ROMANO Y S.P.Q.R.; la conciliación imposible de Waltari.
Adoro a Mika Waltari. Me gusta su estilo; directo, conciso unas veces, extenso otras, pero siempre claro. Me atrapan sus maneras con ese protagonismo del diálogo, magistralmente estructurado en el contexto, de forma habitual aguantadas por un narrador omnisciente a modo de memorias. Me apasionan sus temas, siempre históricos; me descubro ante su erudición. Me agradan tanto su visión de la Providencia como su manejo de las cualidades dramáticas de los personajes. En resumen, queda claro que me gusta Mika Waltari. Me gusta, así, en presente, como si estuviera vivo; qué inmortalidad la del autor.
¿Por qué, entonces, no me terminan de convencer estos dos libros?
LAS CABAÑUELAS DE AGOSTO, Antonio Burgos.
Tras las elecciones de aquel domingo se ha proclamado, casi inesperadamente, tan sólo dos días después, la República en Madrid, la II República española, el 14 de abril de 1931, y Sevilla como toda España está revuelta y anda como aturdida de acá para allá en los pasos nerviosos y acelerados de sus ciudadanos; cuchicheos, corrillos y notable alboroto, expectación por la Plaza Nueva, a la vera del Ayuntamiento, porque se va a izar la nueva bandera tricolor en la balconada de la institución local a los acordes del himno de Riego, son delatores de nervios e incertidumbres, pese a que la primavera estalla maravillosa en “moñas de jazmines” que los chavalitos venden por las calles y plazas de toda la ciudad, como sólo en Sevilla ocurre de esa manera, y que derraman su perfume por la capital andaluza hasta el último rincón, hasta el más escondido resquicio urbano, al igual que en la alcoba de los padres de un tal Paco Fuentes también se derrama entrañable ese aroma, -“sobre la mesilla de noche de la madre” y “junto a las estampitas metidas debajo del cristal”-, que estudia Derecho el joven con aplicación en la Universidad, en el grandioso edificio de la antigua fábrica de tabacos, y que hará luego, si está de Dios, oposiciones a notario.
MARTE ROJO, Kim Stanley Robinson…”vamos a contar mentiras tralará, vamos a contar…”
Horrible libro que trata sobre pequeños seres verdes que atacan a un joven grupo de astronautas gays que pisan por primera vez Marte. La historia comienza cuando secuestran al líder de la misión, un astronauta coreano que colecciona piedras lunares y novios de nacionalidad Japonesa por igual y es empleado de la todopoderosa corporación privada GOO ( Gay Orient Orientation ) que ha decidido explorar y explotar, si se puede, los recursos de Marte. Pero todo se tuerce cuando descubren que Marte ya está habitado y que unas terribles y diminutas criaturitas verdes no quieren compartirlo. Nuestro protagonista Gokutu vivirá increíbles aventuras intentando escapar de la laberíntica ciudad subterránea de los Marcianitos Verdes, como se hacen llamar, y demostrará que el amor que siente por Gokuyo es puro…..


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